Castilla en 1510: un reino en equilibrio inestable

Detalle del cuadro La Virgen de los Reyes Católicos por el Maestro de la Virgen de los Reyes Católicos, 1491 - 1493. Número de catálogo Poo1260. (c) Museo Nacional del Prado

Guardias de Santiago

Asociación histórico cultural dedicada a la recreación y representación de los siglos XVI y XVII durante las fiestas de San Bernabé de Logroño en las que se conmemora el cerco a la ciudad de 1521 por tropas francesas y en las fiestas del Casco Antiguo en las que organiza la recreación del Auto de fe de 1610 en las que se juzgó a las famosas Brujas de Zugarramurdi

12/01/2026

En el año 1510, Castilla no vivía una época de calma, aunque desde fuera pudiera parecerlo. Bajo la superficie de un reino fuerte, expansivo y vencedor, se acumulaban tensiones políticas, incertidumbres sucesorias y conflictos latentes que, en apenas una década, desembocarían en algunos de los episodios más convulsos de su historia reciente.

Para entender lo que ocurrirá en Logroño en 1521, es imprescindible retroceder hasta este momento de tensión y cambio. Así comprenderemos por qué el cerco no fue un accidente, sino el resultado de un sistema político en transición.

Un reino huérfano de reina

Desde la muerte de Isabel I en 1504, Castilla vivía una situación anómala. La reina que había gobernado con mano firme durante décadas ya no estaba, y su heredera, Juana I, fue apartada del poder por su incapacidad para gobernar. El reino quedó así en manos de regencias provisionales, primero Felipe el Hermoso y después Fernando el Católico, rey de Aragón.

Doña Isabel la Católica dictando su testamento, por Eduardo Rosales, 1864, Museo del Prado.

En 1510, Fernando gobernaba Castilla no como rey legítimo por derecho propio, sino como administrador de un reino que no era plenamente suyo. Esta situación generaba recelos entre la nobleza, inseguridad jurídica en las ciudades y una sensación creciente de provisionalidad.

Castilla seguía funcionando, pero lo hacía en tensión.

Castilla, potencia europea… con grietas internas

A comienzos del siglo XVI, Castilla era uno de los reinos más poderosos de Europa. Controlaba amplios territorios peninsulares, se expandía por el Atlántico y tenía una presencia creciente en la política internacional. Sin embargo, esa fortaleza exterior contrastaba con problemas estructurales internos.

Las ciudades castellanas, motor económico del reino, soportaban una presión fiscal creciente. La nobleza mantenía amplios privilegios. Y la monarquía, necesitada de recursos para sostener su política exterior, recurría cada vez más a impuestos extraordinarios.

Este desequilibrio no era todavía una rebelión, pero sí un malestar acumulado que estallaría años después con la revuelta de las Comunidades.

La frontera como espacio de tensión

En este contexto, las fronteras del reino adquirían un papel clave. No eran solo líneas políticas, sino espacios vivos, habitados, transitados y, en ocasiones, disputados.

La frontera del Ebro —donde se situaba Logroño— era una de ellas. Un territorio de paso, de comercio y también de vigilancia. En 1510, Navarra seguía siendo un reino independiente, con fuertes vínculos con Francia, lo que convertía esta zona en un espacio estratégico de primer orden.

Logroño no era una gran ciudad, pero tampoco era irrelevante. Su posición geográfica la situaba en una retaguardia cercana al frente, algo que cobraría un significado decisivo muy pronto.

Fernando el Católico y la política de anticipación

Fernando no era un gobernante improvisado. En 1510 llevaba décadas manejando alianzas, guerras y equilibrios de poder. Y sabía que Navarra representaba un problema estratégico: un reino pequeño, pero clave, cuya alianza con Francia podía abrir una brecha peligrosa en el norte de Castilla.

Por eso, aunque todavía no se había producido la conquista de Navarra, la tensión ya estaba presente. Los movimientos diplomáticos, las desconfianzas mutuas y la preparación militar formaban parte del paisaje político de la época.

Nada estaba decidido, pero todo estaba en marcha.

Un año aparentemente tranquilo… antes de la tormenta

Visto con perspectiva, 1510 puede parecer un año menor. No hubo grandes batallas ni revueltas abiertas. Sin embargo, fue un año clave porque consolidó una situación de equilibrio inestable: un reino fuerte, pero sin una autoridad plenamente asentada; unas ciudades productivas, pero cada vez más presionadas; unas fronteras vigiladas, pero vulnerables.

En ese caldo de cultivo se gestarían:

  • La conquista de Navarra en 1512.
  • El cambio dinástico tras la muerte de Fernando.
  • La llegada de Carlos I.
  • La rebelión de las Comunidades.
  • Y finalmente, el cerco de Logroño en 1521.

Nada de lo que ocurrió después puede entenderse sin este punto de partida.

Castilla en 1510 no caminaba hacia el conflicto por casualidad. Avanzaba hacia él paso a paso, arrastrando decisiones, tensiones y silencios que acabarían estallando en la frontera del Ebro.

Y ahí, en ese lugar aparentemente secundario, Logroño no solo entraría en la historia, sino que se convertiría en escenario clave de la transformación de Castilla.


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