El 7 y 8 de noviembre de 1610, la ciudad de Logroño fue escenario de uno de los juicios más célebres de la Inquisición española: el Auto de Fe contra las brujas de Zugarramurdi y de los valles navarros. Más de 5.000 personas se reunieron en la plaza mayor para presenciar cómo 53 acusados eran juzgados por brujería. De ellos, once fueron condenados a la hoguera —seis en persona y cinco en efigie, al haber muerto en prisión— y el resto recibieron distintas penas tras retractarse públicamente.
Para las comunidades afectadas, aquello supuso un trauma que perduró durante generaciones. La brujería, entendida como práctica de conocimientos ancestrales y medicina popular, fue demonizada hasta convertir a estas personas en chivos expiatorios de los miedos colectivos.
Sin embargo, este episodio también marcó un punto de inflexión histórico. Entre los tres inquisidores presentes, destacó la figura de Alonso de Salazar y Frías, quien, tras el Auto, inició una exhaustiva investigación en los pueblos de Navarra. Su trabajo fue revolucionario: escuchó a los vecinos, cuestionó los testimonios obtenidos bajo tortura y pidió pruebas reales de los supuestos delitos. Su conclusión fue clara: la brujería no tenía sustento más allá del miedo y la sugestión.
Gracias a sus informes, la Inquisición española cambió su actitud: a diferencia de otros países europeos, donde las cazas de brujas continuaron con dureza, en España las grandes persecuciones prácticamente cesaron tras 1610. De ahí que se considere a Salazar y Frías el “abogado de las brujas”, una voz de razón en tiempos dominados por la superstición.
Cada año, al recordar este episodio con las actividades organizadas por la Asociación Histórico Cultural Guardias de Santiago, no se trata solo de revivir un hecho histórico, sino de reflexionar sobre cómo la justicia y la verdad pueden abrirse paso incluso en los momentos más oscuros. El Auto de Fe de Logroño no solo habla de condenas y hogueras, también nos habla de la capacidad humana para rectificar, aprender y frenar el fanatismo.










