Hoy, en mitad de las fiestas de San Bernabé de Logroño, es «40 de mayo». Una fecha que está presente en el refranero español, espejo de la sabiduría popular, y que está repleto de sentencias relacionadas con la vida cotidiana, el campo y, cómo no, con el clima; y este es uno de los más usados y conocidos:
«Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo».
Detrás de esta expresión, que aún hoy escuchamos en boca de mayores y en medios de comunicación, se esconde tanto una advertencia meteorológica como un recuerdo de la vestimenta tradicional de la España del Siglo de Oro.
El significado del refrán
El “40 de mayo” corresponde al 9 de junio, fecha en la que la primavera se acerca a su fin y el verano comienza a imponerse. Hasta ese día, recuerda el refrán, no conviene confiarse: aunque haya jornadas cálidas, los cambios bruscos de temperatura, lluvias y tormentas son habituales en la península ibérica. La sabiduría popular nos aconseja, en definitiva, mantener a mano la ropa de abrigo.
En algunas regiones, el dicho incluso se alarga con ironía: en Albacete, por ejemplo, se dice «hasta el 47 de mayo no te quites el sayo», reflejando la persistencia del frío más allá de lo esperado.
El sayo: una prenda de historia
El protagonista del refrán es el sayo, una prenda hoy en desuso pero fundamental en la vestimenta de los siglos XVI y XVII.
- Diseño: consistía en una túnica larga, amplia y generalmente sin mangas, que se vestía sobre la camisa y el jubón.
- Materiales: solía confeccionarse en lana, lo que la hacía abrigada y resistente, adecuada tanto para campesinos como para soldados.
- Uso social: aunque en su origen fue indumentaria popular y de trabajo, en el Siglo de Oro también se confeccionaron sayos más finos, con adornos y pasamanerías, usados en contextos urbanos o ceremoniales.
- Funcionalidad: su holgura permitía comodidad en las tareas diarias y, en épocas frías, se podía complementar con capas o mantos.
El sayo era, por tanto, una prenda intermedia entre lo funcional y lo simbólico: servía para resguardar del clima, pero también marcaba una pertenencia cultural y social.
El refrán en la literatura
Aunque es difícil precisar el momento en que la expresión comenzó a circular, existen testimonios escritos desde el siglo XIX. Un ejemplo aparece en una poesía publicada en 1896 por Rodríguez Marón:
“Hasta el cuarenta de mayo
no te quites el sayo;
y si vuelve a llover,
vuélvetelo a poner.”
Más de un siglo después, el escritor Joan Gomis recogería una versión extendida que llega hasta «el cuarenta de junio», prueba de la vitalidad y adaptación del refrán.
Una lección de prudencia que pervive
Hoy en día ya no vestimos sayos, pero el refrán sigue plenamente vigente. Nos recuerda, como hacían nuestros antepasados, que la naturaleza es cambiante y que la prudencia nunca sobra. El “sayo” se convierte así en símbolo de previsión: mejor abrigarse de más que lamentar un resfriado.










