Cada mes de noviembre, la Asociación Histórico Cultural Guardias de Santiago convierte a Logroño en un espacio de memoria. Lejos de ser una simple recreación histórica, los actos conmemorativos del Auto de Fe de 1610 se han consolidado como un recordatorio vivo de lo que ocurrió en la ciudad y de por qué no debemos olvidarlo.
El recuerdo de las 53 personas procesadas en aquel juicio, de las cuales once fueron condenadas a la hoguera, es hoy un símbolo contra la intolerancia y el fanatismo. La representación del auto, las actividades culturales, los pasacalles y las charlas que organiza la Asociación no buscan espectáculo ni morbo, sino reflexión: invitan a vecinos y visitantes a pensar en cómo el miedo y la superstición pueden conducir a injusticias terribles.
El esfuerzo de la Asociación, que desde hace más de una década mantiene esta cita con la memoria, ha trascendido el ámbito local. En 2015, el Ayuntamiento de Logroño declaró el evento de interés turístico local, y hoy se trabaja para lograr su reconocimiento como fiesta de interés turístico regional. Esta evolución refleja no solo la calidad de las actividades, sino también su creciente impacto cultural, social y turístico.

Además, la memoria se materializa en símbolos permanentes en la ciudad, como el Bosque de la Memoria en el parque del Ebro, donde once olmos recuerdan a las víctimas del proceso inquisitorial. O la placa en la calle Portales que conmemora el hermanamiento entre Logroño y Zugarramurdi en 2010, uniendo a dos localidades marcadas por la misma historia.
Con cada edición, Logroño se convierte en un espacio de encuentro entre pasado y presente, entre historia y ciudadanía. La conmemoración organizada por Guardias de Santiago es, en definitiva, un compromiso colectivo con la memoria histórica y un recordatorio de que recordar no es mirar atrás, sino aprender para construir un futuro más justo y consciente.










